martes, 30 de agosto de 2011
jueves, 18 de agosto de 2011
lunes, 15 de agosto de 2011
EL ARTE DE VIVIR EL TIEMPO (II):
-Enfermos de estrés: Una mala relación con el tiempo es una de las causas de este problema tan extendido hoy día. Pero, cuidado, el vocablo se utiliza ahora en exceso. ¿Qué es? Lo redescubrimos, buscamos sus efectos, positivos y negativos, y hallamos soluciones.
El estrés es vida, dicen unos, nos permite mantener el equilibrio frente a los acontecimientos. El estrés es muy perjudicial, dicen otros ¿Quién se equivoca? Ninguno. Es ambas cosas.
Convertido en un problema muy extendido, ha entrado de golpe en nuestras vidas sin pedir permiso y, sobre todo, sin tarjeta de presentación hasta el punto de que, junto a la ansiedad, empleamos su término en exceso.
Como señala Miquel Casas en Vivir bajo presión (Ed. Océano), "este vocablo se utiliza ahora como reclamo publicitario para un sinfín de artilugios y de fármacos de acción poco específica. Si nos sentimos estresados, parece suficiente entrar en un hipermercado para encontrar la solución: almohadas antiestrés, plantillas relajantes, ambientadores reductores de estrés... El uso indiscriminado ha acabado por convertirlo en poco más que sinónimo de prisa, fatiga o agitación".
Olga Rubio, psicóloga y directora del centro de relajación y fisioterapia Eutrés, en Madrid, opina igualmente que "estrés y ansiedad son palabras muy manidas, lo que repercute negativamente, porque muchas personas no saben bien lo que es. Es muy importante saber que no son malos. No es algo que tengamos que quitar de nuestras vidas, sino que tenemos que apender a gestionar".
-Tiempo para no hacer nada: ¿Qué significan exactamente estos dos términos? ¿Son lo mismo? "Son dos términos muy cercanos -aclara Juan José Miguel Tobal, catedrático y director del máster de Ansiedad y Estrés de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid-. El estrés es un proceso de adaptación con tres fases: una de alarma, cuando ante una nueva situación el individuo pone en marcha los mecanismos psicológicos y fisiológicos necesarios para adaptarse a esa nueva demanda; otra de resistencia, si la causa que genera el estrés continúa; y una más de agotamiento, si se mantiene, que es cuando surgen los síntomas negativos. En esta fase se puede desencadenar una reacción de ansiedad, una emoción que surge ante algún tipo de amenaza".
El estrés, más asociado con el cansancio, no tiene por qué manifestar ansiedad, pero sí otras emociones como alegría, enfado o tristeza. Además, puede venir provocado por diferentes situaciones positivas o negativas, como tener un ascenso o casarse, mientras que la ansiedad se produce por situaciones amenazantes, al menos así las percibe el individuo, como ver una araña, vivir una tormenta o estar en la oscuridad. En opinión de Rubio, como el estrés, "la ansiedad tampoco hay que eliminarla. Gracias a ambos "me pongo las pilas", lo malo es cuando se hace crónico o alcanza niveles elevados".
El problema es que hoy día ese "estar con las pilas puestas" continuamente parece obligatorio. Rubio considera que "esta sociedad lo fomenta porque está mal visto no hacer nada. Sin embargo, necesitamos tiempo para nosotros o sencillamente para no hacer nada. Hay mucha gente que no disfruta del momento, de las pequeñas cosas...". Juan José Miguel Tobal recuerda que hay varias hipótesis sobre el aumento de casos de estrés: "Algunas tienen que ver con los estilos de vida, vivimos en un mundo que nos exige ser cada vez más competitivos. Otros piensan que lo que falla es la capacidad de resistencia de los individuos".
El estrés no hace distinción de sexos. Repercute igualmente en hombres y mujeres y los organismos reaccionan igual ya sea por una situación positiva o negativa. La clave es gestionar los recursos para que no se haga crónico y traiga las consecuencias negativas que hace que enfermemos y estemos agotados física y psíquicamente. Ese agotamiento trae síntomas como problemas de concentración, preocupaciones anticipadas, taquicardias, problemas de sueño y sexuales, dolores de cabeza, contracturas, tics y conductas de evitación.
-Una peligrosa espiral: En el entorno laboral, éstos síntomas conducen a la pérdida de productividad, problemas serios de salud y bajas médicas. Un subtipo de estrés laboral, el síndrome del trabajador quemado, tiene, además, unos síntomas muy característicos. Juan José Miguel explica que "tiene que ver fundamentalmente con trabajos de cara al público. Tras un periodo, las personas sufren pérdida de iniciativa laboral, sienten fatiga emocional, cierta despersonalización, la tendencia a tratar al usuario como un objeto y a distanciarse".
Si el estrés persiste sin buscar solución es fácil entrar en un peligroso círculo hallando en el alcohol, el tabaco o algunos alimentos con funciones estimulantes o tranquilizantes, o acelerando nuestro ritmo y durmiendo menos, en un intento de ganar tiempo. Esos remedios son, a la larga, perniciosos. De ahí la importancia de atajar el problema cuanto antes. Cuando advirtamos que afecta a nuestra vida de manera prolongada, cuando nos sintamos desbordados, debemos poner remedio.
-Poniendo remedios: Como explica Rubio, "cuando vea que se levanta cansado/a, que le cuesta enfrentarse al trabajo, que ve cambios en su estado emocional, debe plantearse que tiene un problema".
Altos niveles de estrés requieren ayuda psicológica. La directora de Eutrés señala que "se dan habilidades para no interpretar las situaciones como estresantes, habilidades para aprender a solucionar problemas y no verlo todo negativo".
En casos de estrés y ansiedad se suele emplear una combinación de tres grupos de técnicas, como indica Juan José Miguel Tobal: "Las dirigidas a desactivar al sujeto, relajación; las cognitivas, para promover un cambio de aptitud en la forma de afrontar las situaciones, y las conductuales, que enseñan a actuar de otra manera".
Estrés y ansiedad se han convertido, sin duda, en males de nuestro tiempo. Juan José Miguel considera que "tenemos muchos más conocimientos del mundo, pero nadie se ha preocupado por enseñarnos cómo sentir y expresar nuestras emociones. En estos 2.000 años no hemos avanzado nada en ese aspecto". Cambiar, sin embargo, es posible y está en nuestras manos. "Si para enfrentarnos a nuestro primer trabajo nos preparamos, ¿por qué no nos preparamos, prevenimos, ante otras cosas?", se prengunta Rubio. El problema surge de nuevo por la mala relación con el tiempo y con nosotros mismos. "Vamos tan acelerados que nos planteamos hacia dónde queremos ir", añade.
Olga Rubio, psicóloga y directora del centro de relajación y fisioterapia Eutrés, en Madrid, opina igualmente que "estrés y ansiedad son palabras muy manidas, lo que repercute negativamente, porque muchas personas no saben bien lo que es. Es muy importante saber que no son malos. No es algo que tengamos que quitar de nuestras vidas, sino que tenemos que apender a gestionar".
-Tiempo para no hacer nada: ¿Qué significan exactamente estos dos términos? ¿Son lo mismo? "Son dos términos muy cercanos -aclara Juan José Miguel Tobal, catedrático y director del máster de Ansiedad y Estrés de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid-. El estrés es un proceso de adaptación con tres fases: una de alarma, cuando ante una nueva situación el individuo pone en marcha los mecanismos psicológicos y fisiológicos necesarios para adaptarse a esa nueva demanda; otra de resistencia, si la causa que genera el estrés continúa; y una más de agotamiento, si se mantiene, que es cuando surgen los síntomas negativos. En esta fase se puede desencadenar una reacción de ansiedad, una emoción que surge ante algún tipo de amenaza".
El estrés, más asociado con el cansancio, no tiene por qué manifestar ansiedad, pero sí otras emociones como alegría, enfado o tristeza. Además, puede venir provocado por diferentes situaciones positivas o negativas, como tener un ascenso o casarse, mientras que la ansiedad se produce por situaciones amenazantes, al menos así las percibe el individuo, como ver una araña, vivir una tormenta o estar en la oscuridad. En opinión de Rubio, como el estrés, "la ansiedad tampoco hay que eliminarla. Gracias a ambos "me pongo las pilas", lo malo es cuando se hace crónico o alcanza niveles elevados".
El problema es que hoy día ese "estar con las pilas puestas" continuamente parece obligatorio. Rubio considera que "esta sociedad lo fomenta porque está mal visto no hacer nada. Sin embargo, necesitamos tiempo para nosotros o sencillamente para no hacer nada. Hay mucha gente que no disfruta del momento, de las pequeñas cosas...". Juan José Miguel Tobal recuerda que hay varias hipótesis sobre el aumento de casos de estrés: "Algunas tienen que ver con los estilos de vida, vivimos en un mundo que nos exige ser cada vez más competitivos. Otros piensan que lo que falla es la capacidad de resistencia de los individuos".
El estrés no hace distinción de sexos. Repercute igualmente en hombres y mujeres y los organismos reaccionan igual ya sea por una situación positiva o negativa. La clave es gestionar los recursos para que no se haga crónico y traiga las consecuencias negativas que hace que enfermemos y estemos agotados física y psíquicamente. Ese agotamiento trae síntomas como problemas de concentración, preocupaciones anticipadas, taquicardias, problemas de sueño y sexuales, dolores de cabeza, contracturas, tics y conductas de evitación.
-Una peligrosa espiral: En el entorno laboral, éstos síntomas conducen a la pérdida de productividad, problemas serios de salud y bajas médicas. Un subtipo de estrés laboral, el síndrome del trabajador quemado, tiene, además, unos síntomas muy característicos. Juan José Miguel explica que "tiene que ver fundamentalmente con trabajos de cara al público. Tras un periodo, las personas sufren pérdida de iniciativa laboral, sienten fatiga emocional, cierta despersonalización, la tendencia a tratar al usuario como un objeto y a distanciarse".
Si el estrés persiste sin buscar solución es fácil entrar en un peligroso círculo hallando en el alcohol, el tabaco o algunos alimentos con funciones estimulantes o tranquilizantes, o acelerando nuestro ritmo y durmiendo menos, en un intento de ganar tiempo. Esos remedios son, a la larga, perniciosos. De ahí la importancia de atajar el problema cuanto antes. Cuando advirtamos que afecta a nuestra vida de manera prolongada, cuando nos sintamos desbordados, debemos poner remedio.
-Poniendo remedios: Como explica Rubio, "cuando vea que se levanta cansado/a, que le cuesta enfrentarse al trabajo, que ve cambios en su estado emocional, debe plantearse que tiene un problema".
Altos niveles de estrés requieren ayuda psicológica. La directora de Eutrés señala que "se dan habilidades para no interpretar las situaciones como estresantes, habilidades para aprender a solucionar problemas y no verlo todo negativo".
En casos de estrés y ansiedad se suele emplear una combinación de tres grupos de técnicas, como indica Juan José Miguel Tobal: "Las dirigidas a desactivar al sujeto, relajación; las cognitivas, para promover un cambio de aptitud en la forma de afrontar las situaciones, y las conductuales, que enseñan a actuar de otra manera".
Estrés y ansiedad se han convertido, sin duda, en males de nuestro tiempo. Juan José Miguel considera que "tenemos muchos más conocimientos del mundo, pero nadie se ha preocupado por enseñarnos cómo sentir y expresar nuestras emociones. En estos 2.000 años no hemos avanzado nada en ese aspecto". Cambiar, sin embargo, es posible y está en nuestras manos. "Si para enfrentarnos a nuestro primer trabajo nos preparamos, ¿por qué no nos preparamos, prevenimos, ante otras cosas?", se prengunta Rubio. El problema surge de nuevo por la mala relación con el tiempo y con nosotros mismos. "Vamos tan acelerados que nos planteamos hacia dónde queremos ir", añade.
EL ARTE DE VIVIR EL TIEMPO (I):
-En busca del tiempo perdido: Vivimos gobernados por los relojes, con la sensación de que cada vez corremos más y cada vez tenemos menos tiempo, esa materia vital que nadie nos ha enseñado a manejar. Poniéndolo a nuestro servicio volveremos a ser dueños de nuestras vidas.
"Conoce el verdadero valor del tiempo: cógelo y disfruta cada momento de él". La reflexión del Lord Chesterfield en el siglo XVIII sigue vigente hoy. Ya los griegos diferenciaban entre chronos, el tiempo de calidad. Séneca meditaría también sobre este concepto. "Todas las cosas nos son ajenas; sólo el tiempo es nuestro".
Nos cuesta creer al filósofo romano cuando pocos nos consideramos dueños de nuestro tiempo. Vivimos gobernados por los relojes.
Ya nuestros antepasados se guiaban por los relojes de sol, de agua (las clepsidras egipcias medían el tiempo por la noche; eran unas vasijas con agua que salía por un orificio a una velocidad determinada y en un tiempo fijo) o de fuego (los romanos usaban velas que marcaban las horas).
El concepto del tiempo ha sido un misterio desde la antigüedad. Newton, Kant o Eintein invirtieron mucho tiempo en estudiar precisamente eso, el tiempo, pero no es nuestra intención "bucear" en la física ni en la metafísica, sino reflexionar sobre nuestro tiempo, ése que Jean-Luis Servan-Schreiber define en El nuevo arte de vivir el tiempo (Ed. Paidós) como "vida". Y propone un ejercicio para demostrar su importancia: "Haced la prueba con cada una de estas frases: no hay tiempo para..., utilizar bien el tiempo, perder el tiempo, voy a dedicarle tiempo... Poner vida en lugar de tiempo es convencerse de que es exactamente la misma cosa". Éste es el objetivo de este artículo-dossier, aliarnos con nuestra vida, con nuestro tiempo, para alcanzar una existencia más serena.
-Malgastemos el tesoro: José Ballesteros, autor de El reto (Ed. Belacqua) y director de la empresa de desarrollo personal VESP (www.actitudenaccion.vesp.com), considera que "el tiempo no depende de nosotros. Es el recurso más democrático porque todos tenemos 24 horas, pero lo que sí depende de nosotros es cómo utilizarlo". Para Serva-Schreiber; "dominar el tiempo es dominarse a sí mismo". En nuestras manos está, pues, no ser enfermos del tiempo, ésos que se sienten obligados a hacer todo hasta el punto de perder el sentido de la realidad.
Paradójicamente disponemos de mucho más tiempo que nuestros antepasados. Vivimos más años, la tecnología nos ayuda y tenemos más días de vacaciones. Nunca antes habíamos podido disfrutar de tanta dosis de vida; sin embargo, cada vez nos ahoga más la sensación de falta de tiempo. Fernando Trías de Bes, autor de El vendedor del tiempo (Ed. Urano), cuyo protagonista vende miutos de tiempo envasados, recuerda cómo "Franklin, el inventor del pararrayos, estimó que, tal como avanzaba la técnica, a finales del siglo XX se trabajaría sólo tres horas semanales. Lo mismo se dijo cuando surgieron las lavadoras o el e-mail, pero a medida que podemos tener una liberación de tiempo nos creamos otras ataduras".
-Un momento de reflexión: Efectivamente tenemos un 7% más de tiempo que antes, pero queremos realizar un 20% más de tareas. Antes era suficiente con satisfacer las necesidades más básicas, mientras que hoy no somos capaces de seleccionar tantas opciones como tenemos. "Nuestros deseos crecen con mayor rapidez que el tiempo que tenemos para satisfacerlos -recuerda Servan-Schreiber-. No busquemos en otra parte la raíz profunda de nuestra sensación de falta de tiempo".
Trabajo, atasco, niños, tareas del hogar, ocio... sentimos que nuestras vidas están teledirigidas y pasamos la vida corriendo en un intento de ganar tiempo al tiempo. Obviamente, no lo conseguimos. Publio Siro ya lo apuntó: "El tiempo de la reflexión es una economía de tiempo", pero parece que desde la época romana no hemos avanzado nada. No reflexionamos. "La sociedad no nos invita a que nos paremos -denuncia Ballesteros- y es un gran error. Tenemos que reflexionar sobre el viaje más importante de nuestra vida. Si no tienes objetivos, ¿cómo vas a saber qué elegir?".
"El único tiempo que puedes controlar es lo que hagas en tu agenda de 24 horas -añade Ballesteros-. Tú decides tus horas de descanso, de sueño e incluso de oficina, porque puedes decidir cómo organizarte". Frente a la espiral del tiempo la solución pasa por renunciar y priorizar.
(...) Lo primero que tienes que hacer es reconocer dónde estás, actuar en los asuntos significativos y eliminar todo lo que te está quitando tiempo de otras actividades. Preocuparse por algo no implica progresar en ello. Generalmente, existe una relación inversa entre las preocupaciones que tenemos en mente y lo que en efecto hacemos por resolverlas". "Haz tantas cosas como puedas o quieras y estate en paz con las que aún no has hecho".
En opinión de Trías de Bes es imprescindible "tomar conciencia de a qué quieres dedicar tu tiempo, pner prioridades, saber decir "no" y ser valiente, porque pueden verte como un bicho raro por no haber visto la última carrera de coches". También es importante "reservarte tiempo para tí". Ballesteros recomienda "crear el hábito de estar solo un rato al día. Parar un momento para decidir dónde voy y cómo voy. Si una vez al día es muy complicado, empieza por una vez al mes".
-Reaprender a vivir: Para el director de VESP, la clave está en "tomar conciencia de que yo soy el dueño de mi vida, ni mi jefe, ni mis padres, y pararse a pensar: ¿estoy dispuesto a disfrutar la responsabilidad de mi única, individual y maravillosa vida". ¡Pues adelante!.
Elegir lleva riesgos y responsabilidades, pero a la larga es siempre grato. Tú, lector, ya has elegido. Te has dado unos minutos para tí, para leer y para reflexionar. Has sabido encontrar tiempo, mejor dicho, has aprendido a concedertelo. En una época en la que vivimos inmersos en una carrera diaria, la tuya es una actitud casi heroica. Has dado el primer gran paso para disfrutar de una vida plena porque, como reflexiona Servan-Schreiber; "el dominio del tiempo tiene dos objetivos. El más evidente es ser más eficaz. El más rico y raro es aprender de nuevo a gozar del instante con aquella intensidad que conocimos, a los seis años, ante aquel rayo de son que venía a calentarnos la mano en un sotobosque saturado de olor a pino".
"No es el tiempo el que nos falta. Somos nosotros quienes le faltamos a él" (Claudel)
domingo, 14 de agosto de 2011
¡ATRÉVETE A DECIDIR TU PROPIA VIDA!
El toque de atención se lo dio un camarero del bar donde acudía asíduamente a tomar un café. Nadie más en el bar; el camarero dejó de fregar el suelo para servirle su cortado de rigor, que David se bebía solo, mirando a ninguna parte. Ni se daba cuenta de que el camarero tenía su mirada puesta en él cuando escuchó su voz: "Usted sufre mucho, ¿verdad?". David cuenta que en ese momento pasó algo en su interior, recuerda unas intensas ganas de llorar y que salió a la calle como en medio de un ahogo, como si no hubiera suficiente aire en el mundo. Se aflojó la corbata, pero ni aún así. Así que poco después decidía desembarazarse de la corbata, el traje y el personaje de éxito profesional que le acompañaba a todas partes, como una armadura oxidada del caballero que ya no quería ser. Su vida cambió. Y poco después publicaba un libro sobre la (r)evolución interior.
La revista Psicología publicó esta entrevista con el autor de este libro David Martí Martinez:
-El ser humano está en continuo cambio. ¿Cuál es la (r)evolución que usted propone?
Para mi, la auténtica revolución consiste en asumir que puedes ser el auténtico protagonista de tu vida, y serlo. Tú puedes llegar adonde quieras, pero sólo lo puedes decidir tú. Detente un momento, piensa y elige: puedes quedarte donde estás, o bien modificar algunos patrones y seguir por el mismo camino, o incluso parar y cambiar de dirección.
-Pero esa lucidez mental no siempre es tan fácil...
No, ni la lucidez ni el proceso. Porque habrá que ponerle valentía y esfuerzo. Pero tampoco es tan difícil. En la vida hay pocas verdades fundamentales, no tenemos que inventqar nada nuevo, sólo hacer el esfuerzo y recordar. Recordar quién eres y qué deseas en tu vida, tu propósito. Y empezar a desembarazarte de los condicionamientos, de los motivos que no te pertenecen. Te sentirás mucho mejor. El escritor Julio Cortázar dice que no hay revolución que no desemboque en la alegría. Y yo estoy de acuerdo.
-Usted mismo: sólo se decidió a hacer el esfuerzo y cambiar cuando el camarero le dijo: "Usted sufre mucho ¿verdad?". ¿Hay que sufrir para cambiar?
Ese buen hombre me abrió la caja de Pandora, y nunca se lo agradeceré lo bastante. Mi propuesta ahora es: abre tú también tu caja de Pandora. Vas a encontrar cosas que te gustan y muchas que no te van a gustar. Pero a partir de ahí, que lo que hagas sólo dependa de tí. Quizás vas a sufrir, sí, pero de todas formas ya estás sufriendo, sólo que no lo quieres ver por una pura cuestión de comodidad. A veces necesitas una experiencia potente para reconocer que no vas por el camino, y suele venir acompañada de mucho sufrimiento.
-¿Ese fue su caso?
Sí, yo sufría mucho antes, durante el cambio y hasta que dije basta. Antes de que me diera el toque el camarero, siempre tenía algún problema de salud. Hasta que dije: por aquí no sigo. En realidad, el libro lo escribí para mí. Me ayudó a salir de la emboscada donde estaba, a explotar, a liberarme. Antes me vestía de traje y corbata y trabajaba para una gran corporación catalana, y aún me persiguen algunas compañías para que forme parte de juntas directivas, pero yo ahora sólo quiero dedicar mi vida a compartir, a acompañar, a recordarte que tú puedes hacer lo mismo. Y tú puedes ser el ejemplo para otras personas,...
-Esta crisis mundial, esta forma de sufrimiento colectivo, ¿puede conducir al ser humano a hacer un cambio profundo, una (r)evolución? ¿De qué tipo?
No tenemos otra alternativa. Lo que pasa fuera es un reflejo de lo que está pasando dentro. Si la humanidad estuviera sana, no podría actual de la forma tan irresponsable y egoísta en la que ha venido actuando, consumiendo como si tuviera decenas de planetas a su disposición, produciendo desigualdades extremas que permiten la muerte de la mitad de la población mientras la otra mitad derrocha lo que tiene y se ahoga en un vaso de agua. Ha llegado el momento de parar y cambiar el rumbo. Para actuar, muchas veces hay que llegar a un punto de no retorno, y creo que estamos en uno de esos momentos. Pero el cambio social sólo es posible si se da una auténtica transformación individual, un cambio de conciencia. Y yo creo que estamos en ese momento. Cada vez hay más gente "despierta", menos robótica.
Tiene que haber un cambio de paradigma, radical.
-¿Y usted cree que se está dando a nivel generalizado, mayoritario al menos, ese cambio?
Generalizado, quizás todavía no. Creo que estamos en un momento de máxima dualidad. Por una parte, en las crisis hay mucha gente que se hace más egoísta, se cierra más, con un sentido equivocado de supervivencia y el lema de "yo paso de todo". Y, por otra parte, hay mucha gente que se hace más sensible y pasa a una acción comprometida. Se podría decir que es uno de esos momentos en que, emocionalmente hablando, los ricos son más ricos y los pobres de espíritu más pobres.
-Esto me hace pensar en unas imágenes en internet en las que un perro empujaba a otro perro muerto en la carretera, lejos de los coches y a un lugar seguro, protegiéndole cuando alguien se acercaba a ayudarle. Los conductores pararon sus coches en medio para hacer fotos de una escena de amor y generosidad tan potente.
Igual es que estamos muy necesitados de amor. Quizás necesitamos más noticias como ésta y menos cifras de muertos y guerras. Las aberraciones de violencia de la especie humana ya no nos impactan, las vemos en la televisión mientras comemos sin pestañear, tan embrutecidos estamos; pero las escenas de amor sí que nos impactas y nos conmueven. Fíjate: la especie humana, tan evolucionada, detiene su ritmo acelerado hacia su trabajo y los negocios para inmortalizar esta muestra de generosidad, de amor incondicional de unos animales. Eso me hace pensar hasta qué punto estamos necesitados de amor, y por eso nos conmueven escenas como éstas.
-En su libro habla de la necesidad de desacelerar y parar.
Es que vamos todo el día corriendo detrás de una zanahoria y, cuando nos preguntas que por qué corremos, a menudo respondemos "no sé", pero se nos pasa el día corriendo y con cara de pocos amigos, a la defensiva, en pie de guerra.
-También dice en su libro que las personas estamos cada vez más enfadadas sin motivos concretos. ¿Qué nos causa ese mal humor?
Que seguimos empeñados en estar donde no tenemos que estar y en actuar como ya no tenemos que actuar. Nuestro mundo está cambiando a una velocidad vertiginosa, y nosotros empeñados en seguir actuando igual. Eso nos hace vivir con una frustración tal que genera enfado, rabia, ira y mucho miedo. Tenemos miedo a perder la identidad propia, la que conocemos, con el cambio.
-Hablemos de la alternativa. Si se puede estar de mal humor sin motivos, ¿también se puede estar feliz sin motivos? ¿Cómo?
Esforzándonos por averiguar nuestro propósito personal y haciéndolo realidad; de otro modo, siempre estaremos arrastrando ese sentimiento de frustración.
-¿Y cómo se hace eso?
Lo primero es identificar nuestro propósito o propósitos por medio de las "preguntas inteligentes", y no me refiero a una inteligencia de tipo intelectual, sin a buscar las preguntas que nos mueven realmente; en mi libro pongo algunos ejemplos. En el transcurso de esta exploración, vas vaciando tu mochila de condicionamientos, huellas genéticas, frustraciones, sueños olvidados; vas vaciando, y a medida que vas quitando peso fuera, vas dibujando una sonrisa.
-¿Cómo perciben los demás que estamos empezando a cambiar, quizás nos ven más felices, más relajados...?
Empiezas a hacer lo que quieres hacer a partir de lo que tienes; cambias el "pobre de mí" por una palmada de ánimo y felicitación, por ser capaz de hacer lo que estás haciendo y de conseguir lo que vas a conseguir.
Y entonces la gente empieza a preguntarte que por qué te ríes tanto, de qué te ríes, y tú respndes que de nada. Eres feliz sin motivos, por el único Motivo, en mayúsculas, de estar vivo por fin, porque estás viviendo tu propia vida.
-Y así es como se conquista la sonrisa; la sonrisa sin motivos.
Yo reivindico el buen rollo y a la buena gente.
-¿En qué consiste la ley de la atracción? ¿Cómo podemos hacerla funcionar a nuestro favor?
Si estás mal, lo que no quieres es lo que tienes ahora; y seguir haciendo lo mismo sólo te atraerá más de lo mismo, eso es lo que estás atrayendo. También atraes más de lo mismo cuando te quejas; hay que cambiar el "no quiero que..." por el "quiero que..." o "he conseguido..." A lo que das presencia en tu mente es lo que atraes, así que mejor dar presencia a lo que quieres obtener y no a tus quejas o miedos. El miedo atrae, lo mismo que el deseo. Tú decides lo que quieres, darle nombre y piensa en ello. Así empieza a tener presencia en tu vida.
¡Y ve a por ello!.
-Parece que lo que duele es más visible y por eso se pone más atención en lo que no deseamos.
Eso es un error, porque la atención atrae lo mismo que la intención. Dejemos de poner atención en lo que no queremos o no nos gusta. Definimos al mundo y a las demás personas con gafas sucias. Cuando las limpies, verás colores y luces que te parecerán nuevos y te fascinarán, pero siempre han estado ahí. El problema es que muchas veces nos han enseñado que "la vida es un asco" o que "no te puedes fiar de nadie" o que "la gente no puede cambiar", y nos lo hemos creído. Pero tenemos que quitarnos esas gafas, que no son nuestras, y decir: déjame buscar mis verdades y tener mi propia visión del mundo. La mía.
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