sábado, 30 de julio de 2011
viernes, 29 de julio de 2011
domingo, 17 de julio de 2011
GRANDEZA SIN LÍMITES:
A estas alturas tenemos que tener claro que para lograr cualquier objetivo, para fomentar una actitud mental positiva de esperanza, debe imaginarse a sí mismo disfrutando y logrando eso que tanto ansía como si ya fuera una realidad.
Somos más grandes que cualquier cosa que pueda sucedernos y tenemos el poder de superar el dolor, el sufrimiento y los infortunios y subirnos al carro de la esperanza si desde hoy tomamos la firme decisión de asumir la responsabilidad de nosotros mismos, de nuestros pensamientos, sentimientos y actos. Podremos adelgazar, tener más fuerza de voluntad, ser más abiertos y espontáneos, más amables, menos tímidos , superar los sentimientos de soledad, indefensión, celos y autoculpa..., simplemente si nos lo proponemos, lo deseamos, lo esperamos con todas nuestras fuerzas y sabemos visualizar e imaginar el objetivo que nos hayamos propuesto.
Todo es cuestión de técnica y de tesón, de lograr que actúen de forma conjunta nuestros sentimientos, nuestros afectos, nuestra mente y nuestra voluntad, pero siempre en la misma dirección positiva de la esperanza sin límites. Vuelvo a recordar todo el mensaje en una breve frase: podremos lograr nuestro objetivo, nuestro sueño dorado, si pensamos con absoluta confianza que podemos y nos vemos y sentimos a nosotros mismos disfrutando del logro proyectado, convertido ya en realidad.
Tras muchos años en contacto directo con hombres y mujeres que lograron éxitos o fracasos, y después de haberme leído la mayoría de los libros de autoayuda que ofrecen fórmulas, estrategias y sugerencias para triunfar en la vida, no creo equivocarme al afirmar de forma rotunda que toda persona, sin excepción, está dotada de una prodigiosa y misteriosa fuerza interior que le faculta para lograr los más espectaculares e increíbles triunfos, pero también esa misteriosa fuerza, si no se emplea en la forma adecuada, le puede arrastrar a los más estrepitosos e impensables fracasos. Esa fuerza tan poderosa, tremenda y casi mágica reside en nuestra mente, en nuestro pensamiento. Llegamos a ser tal y como nos vemos a nosotros mismos, llegamos a convertirnos en todo cuanto nuestro pensamiento nos informa. En definitiva, la calidad de nuestros pensamientos determina en buena medida nuestra calidad de vida.
De todo lo dicho se deducen dos cosas:
-La primera es empezar por cortar por lo sano y decirnos a nosotros mismos: "¡Se acabó!, ¡Basta!, no permitiré en lo sucesivo que los pensamientos derrotistas, negativos y de fracaso vuelvan a anidar en mi mente". Esos viejos pensamientos y sentimientos de culpa, de fracaso, de temor, deberán cambiar de signo o se irán extinguiendo rápidamente ante mi más absoluta indiferencia. Por otra parte, desde hoy todos mis nuevos pensamientos serán de signo positivo, irán impregnados de esperanza y de confianza en el futuro.
-En segundo lugar, desde hoy desarrollaremos el hábito de descubrir y alentar cuanto de valioso y digno de reconocimiento veamos en los demás. Queda claro que el secreto está en que procuremos experimentar cuantas emociones y sentimientos positivos y beneficiosos seamos capaces, ya que éstos suelen precisar menos espacio mental y, por tanto, somos más libres para ocupar nuestro cerebro de forma productiva en otras muchas cosas. Por el contrario, cuando experimentamos sentimientos y emociones negativos, los problemas que conllevan requieren la máxima atención y reflexión y apenas sí podemos ocupar la mente en otra cosa que no sea preocuparnos.
El resultado de todo esto es que las emociones y sentimientos negativos acaban por controlar nuestra existencia a no ser que, como acabo de decir, en un momento de coraje y lucidez digamos: "¡Se acabó! Desde hoy asumo la responsabilidad sobre mi vida de forma plenamente consciente e inteligente: serán mis pensamientos positivos los que controlarán mis emociones y no al revés." ¿Sabe querido lector que la increíble y misteriosa fuerza del pensamiento positivo pletórico de esperanza ha conseguido alargar la vida de enfermos de cáncer condenados a una muerte prematura?. El doctor Bernie S. Siegel, cirujano de fama mundial, lo expresa así de claro en estas palabras: "He visto personas a las que se diagnosticó un cáncer cambiar su perspectiva y afrontar la enfermedad positivamente. Las he visto disfrutar de una vida fructífera y productiva en lugar de vegetar aguardando la hora final. Y he visto cómo su dolencia mejoraba a consecuencia de ese cambio de actitud."
Sobran comentarios. Su turno, querido lector, empieza ahora. Recuerde siempre las palabras de E. Hemingway cuando dice que el hombre no está hecho para la derrota y que es en el pensamiento donde se libra la batalla del éxito o del fracaso. Queda claro que eres tú el dueño de tu destino, que eres más grande que cualquier cosa que pueda sucederte y que dentro de tí están todos los tesoros y potencialidades.
sábado, 16 de julio de 2011
LA ELEGANCIA:
Elegancia es una palabra que procede del término latino elegans y a su vez deriva de eligere (elegir). Por tanto, si nos atenemos a la etimología del término, se es elegante en la medida en que se es capaz de tener decisión propia, de seleccionar, de elegir, de mantener un criterio personal, de no dejarse llevar de la opinión de los demás y, en definitiva, de no ser un esclavo de la moda, de lo que nos dicen que es la moda. Vemos, por tanto, que, paradójicamente, se les llama elegantes a los hombres y mujeres que visten con entera sujeción a la moda. ¿Qué es la moda? en definitiva, es algo impuesto por unos profesionales que determinan lo que es más bello, conveniente, adecuado o proporcionado según su propio gusto y criterio. La moda en el vestir, como en todo lo demás, la hacen los modistos y los creadores, que son los que confeccionan las prendas que lucen famosos y personas de alto nivel económico en general. Se exhiben estas prendas en los grandes medios de comunicación y son envidiadas y codiciadas cuando el ciudadano medio ve cómo las lucen en grandes fiestas personas muy conocidas porque son las que siempre aparecen en las portadas de las revistas.
A este tipo de personas elegantes en sentido restringido, que cifran la elegancia en llevar una indumentaria más o menos sofisticada y, sobre todo cara, no me estoy refiriendo en absoluto, y nada tiene que ver con la verdadera elegancia en sentido más filosófico, profundo y que, como es natural, nace del interior, de la mismidad de cada ser humano, de su calidad de ser único e irrepetible, que dirige su propio destino, que construye día a día su vida "desde dentro hacia fuera". Para mí la verdadera elegancia es la exteriorización de la armonía entre el cuerpo y el espíritu, de la paz que produce una fuerte coherencia interna entre lo que se dice, se piensa y se hace.
La elegancia siempre es natural y bella, y así como el arco iris sintetiza en toda su gama de colores un todo armónico de luz, colorido y estética, así también la elegancia tiene sus propios destellos que hacen brillar con luz propia y confieren un carácter inconfundible, ya que la elegancia es gracia, sencillez, buena proporción, nobleza, naturalidad, equilibrio, armonía y buen gusto, pero, más que cualquier otra cosa, distinción.
La distinción, que no la da el dinero, ni el vestir las prendas más caras y de los modistos más conocidos, depende del buen gusto y de tener una personalidad bien definida que permite distinguirse eligiendo en el mercado aquellas prendas que más favorecen y hacen sentirse a uno más a gusto consigo mismo, más natural y cómodo.
Hoy en día, no pocas personas consiguen con muy poco dinero, pero con una marcada personalidad y buen gusto, una presencia mucho más elegante, más airosa, dinámica y natural que otras que, a pesar de gastarse cantidades astronómicas en adquirir prendas carísimas, no sintonizan con su personalidad, por más que le asesore el más afamado de los modistos. ¿Cuál es la razón? Sencillamente, que la distinción nace, crece y se desarrolla en el interior de cada persona, y la elegancia que bebe necesariamente en esa originalidad, en ese gusto personal e intransferible pierde su encanto, su misma esencia cuando a la persona la visten y deciden por ella "desde fuera hacia dentro". Sólo puede hablarse de verdadera elegancia cuando uno se construye, se hace y se viste "desde dentro hacia fuera2. Vestirse "desde dentro hacia fuera" es materializar, transportar los sentimientos internos de respeto, bondad, cordialidad y simpatía auténticamente sentidos y reflejados en el rostro, el porte, la mirada, el todo de voz...
La armonía, la paz interior, el trato afable, respetuoso y considerado, dan a la persona el toque de la verdadera elegancia, de la personalidad inconfundible y de la distinción.
Por otra parte, si el lector desea que le indique algunos rasgos más que caracterizan a la verdadera elegancia, le sugiero que relea en el primer volumen de "Valores humanos", cuanto allí se dijo sobre la delicadeza, porque ése es precisamente uno de los rasgos inconfundibles, junto con la sencillez en la forma de ser y de comportarse. Esa sencillez que sabe convertir en maravilloso cualquier acontecimiento cotidiano.
El tercer rasgo inconfundible de la verdadera elegancia es continuar siempre en esa línea de sencillez, colocándose exactamente en el polo opuesto al exhibicionismo,...como mortal enemigo de la elegancia interior.
(De: Bernabé Tierno)
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