miércoles, 13 de julio de 2011
martes, 12 de julio de 2011
DUEÑOS DEL DESTINO:
Con toda seguridad el lector habrá leído en cualquier libro de psicología que la mente humana, al igual que un iceberg, consta de dos partes: la emergida, que es la mente consciente, y la sumergida, que es la mente subconsciente.
Nuestra mente consciente es la que nos ayuda en la vida diaria a enfrentarnos a nuevas y difíciles situaciones, a tomar decisiones y a sopesar los pros y los contras mediante razonamientos lógicos, orientándonos sobre lo que debemos o no debemos hacer y sobre la manera más eficaz de lograr nuestros propósitos.
La mente subconsciente se compara con la parte sumergida del iceberg porque representa, al igual que éste, la mayor parte de nuestra mente, ya que el subconsciente es el almacén donde se guarda toda la información recibida y codificada por lamente consciente.
Estas dos partes de la mente mantienen un vínculo muy estrecho. Así, todo cuanto vemos, oímos, decimos, sentimos, percibimos y experimentamos por la parte consciente de nuestra mente, se almacena de inmediato en la parte subconsciente en forma de recuerdo. Pero ahora viene lo más interesante y pido la máxima atención e interés al lector. Ese recuerdo, como si de un helado de dos sabores se tratara, se compone de dos partes: una, la huella del suceso o incidente; otra, la huella o señal de las sensaciones y sentimientos que acarreó tal suceso. Veámoslo en un ejemplo. Cuando mi hijo Jesús tenía tres años, un perro le mordió el pie que tenía escayolado desde hacía unos días. Este fue el incidente, sin más, pero durante los treinta-cuarenta segundos que tardó mi mujer en apartar al perro del pie del niño, éste experimentó fuertes e intensos sentimientos de temor, indefension, algo de dolor, ansiedad, etcétera.
Este suceso, junto a los sentimientos y sensaciones descritos, se almacenó al instante en el subconsciente de mi hijo. Consecuencias de todo ello: que cada vez que el niño veía un perro, aunque fuera a un kilómetro, se comportaba conforme a la pauta que conservaba en su memoria, es deci, sentía pánico, inseguridad, indefension, ansiedad y rompia a llorar, exactamente lo mismo que si el perro estuviera mordiendo su pie escayolado. Tras el tratamiento psicológico de desensibilización sistemática, el niño superó su fobia o temor aprendido a los perros.
Se podrían aportar miles de ejemplos semejantes en los que veríamos con claridad cómo la información pasa de lamente consciente a la subconsciente y que ésta última ni razona ni juzga si esa información es razonable o absurda, veraz o falsa. Se limita a almacenarla junto a la emoción o sensación positiva o negativa que el sujeto ha experimentado durante el incidente y se seguirá comportando en el futuro con arreglo a la experiencia agradable o desagradable de forma automática. Todo esto significa, para expresarlo ya con absoluta claridad, que en buena medida nuestra vida, nuestros actos, están determinados por nuestra mente subconsciente, y si queremos tener una actitud mental positiva, si queremos influir de manera directa sobre nuestra conducta y sobre nuestro rendimiento, la única forma inteligente, práctica, eficaz de lograrlo, desde el punto de vista de la ciencia psicológica, es rompiendo ese círculo vicioso o cadena de hechos-recuerdos de sensaciones desagradables y conducta negativa que se pone en marcha de forma automática.
No olvidemos que cuanto más frecuentemente se repita un mensaje, con más profundidad se grabará en lamente subconsciente y lo mismo ocurrirá con la emoción, sensación o sentimiento que acompañe al incidente. Cuanto más fuerte, viva e intensa sea esa emoción, con mayor fuerza y viveza se grabará en lamente subconsciente.
Por cuanto venimos diciendo, el lector ya tiene claro que todo el trabajo tenemos que hacerlo con nuestro subconsciente. Primero comprendiendo cómo funciona: es lo que acabamos de hacer. Después, pasando sin más disquisiciones a la acción de llenar nuestra mente subconsciente de pensamientos positivos, nuevos, alentadores, y de esperanza, al tiempo que se ignora todo lo negativo y no se vuelve jamás mentalmente sobre ello. Así, pasado cierto tiempo, acabará por extinguirse. Sólo es cuestión de tiempo, el que logremos recolectar la nueva cosecha producto de una siembra de esperanza, de optimismo y dejar de una vez por todas de sentimientos como víctima, culpables y angustiados.
¿Continúan dominando su vida esos pensamientos de temor, de inseguridad, de culpabilidad, de impotencia, de cólera, de celos o de envidia? Pues deshágase sin más contemplaciones de ellos. Póngase en serio consigo mismo y diga: "¡Basta ya de niñerías y memeces! Yo soy el dueño de mi destino y de mis actos en la medida en que soy dueño de mis pensamientos. Desde hoy disfrutaré con cada nueva acción por cotidiana e insignificante que parezca y cada incidente de mi vida diaria, cada acontecimiento, lo acompañaré y asociaré con emociones y sensaciones agradables, reconfortantes y positivas para que los almacene así mi mente subconsciente."
(Del psicólogo y psicopedagogo Bernabé Tierno)
APRENDER A VIVIR:
(...) La psicología americana está descubriendo el Mediterráneo. Es decir, las virtudes que mantuvieron la cultura mediterránea. La American Psychologial Association ha emprendido la sensata tarea de averiguar lo que hay de aprovechable en la historia de las diferentes culturas. Los europeos nos hemos vuelto pesimistas, desdeñamos la historia, y no pensamos que valga la pena aprender del pasado. Medio centenar de investigadores estadounidenses, dirigidos por los conocidos psicólogos Christopher Peterson y Martín Seligman, han publicado un voluminoso libro titulado "Caracteres, fortalezas y virtudes" donde estudian los hábitos del corazón -eso son las virtudes- que deberíamos recuperar para mejorar nuestra vida interior y nuestra convivencia. Algunas de esas virtudes tradicionales se mantienen, pero otras están desapareciendo de nuestro actual modo de vivir. Y no es una buena noticia.
Esto es lo que sucede con la gratitud.
No está de moda. Cuando pregunto a mis alumnos si alguna vez dan las gracias a sus madres cuando les preparan la ropa o la merienda, me miran como si yo fuera un marciano. Carecen de esa emoción, y esa carencia vuelve tosca y desabrida una parte importante de nuestra existencia.
Gratitud es un sentimiento alegre hacia alguien de quien hemos recibido un favor o pruebas de estimación. Es, por ejemplo, la respuesta a un regalo, es decir, a un don inesperado, graciosamente dado, no merecido. Es el sentimiento adecuado para acoger la generosidad de otra persona.
Generosidad y gratitud son sentimientos correlativos.
-La Generosidad: Es en efecto, una de las energías creadoras del ser humano. Los antropólogos saben que el "don" es un fenómeno esencial en todas las culturas primitivas. Rompe la lógica del propio interés, del egoísmo, del mercado. Establece relaciones nuevas de cooperación y sociabilidad. Generosidad significa etimologicamente "capacidad de engendrar", es decir, de alumbrar algo nuevo, dar vida, ampliar las posibilidades de la realidad. La maternidad es el acto de generosidad por antonomasia.
En las épocas desconfiadas, como la nuestra, el sentimiento de gratitud desaparece. Cunde un deprimente escepticismo acerca de la generosidad, del desprendimiento, del altruismo, de la caridad. Vivimos en una cultura de la sospecha. No creemos que nadie actúe sin calcular el beneficio de la acción. ¡Algo buscará!, pensamos ante una acción desinteresada.
Recuerdo un miserable artículo de una escritora española, tras morir la Madre Teresa de Calcuta, en el que mantenía que si había dedicado su vida a los pobres era porque disfrutaba con ello.
Los psicólogos americanos se han sorprendido al ver la importancia que la gratitud tenía en las culturas clásicas. Cicerón escribió que la gratitud "no es sólo la mayor de las virtudes, sino la madre de las demás virtudes".
-Un sentimiento cálido: El desbarajuste sentimental de nuestra época considera la gratitud un sentimiento humillante porque se basa en una relación asimétrica: alguien da y alguien recibe. Olvida que todos podemos dar algo: amabilidad, o cuidado, por lo menos. En cambio, los escritores de la Edad Media recomendaban no precipitarse a devolver el favor -para estar en paz-, porque esa relación de amable sorpresa ante lo recibido merecía ser prolongada.
La gratitud rompe los sentimientos de hostilidad y abre un ámbito de acogimiento cálido.
El enamorado siente gratitud ante el amor de la otra persona, al que considera un regalo inmerecido. Luego, por desgracia, se olvida este primer sentimiento. Nos acostumbramos a todo, es decir, entramos en relación con la realidad como una segadora entra en un campo. Igualamos todo a ras del suelo.
G.K. Chesterton, gran escritor algo olvidado, escribió una frase misteriosa "El test de toda felicidad es la gratitud". Para él, la gratitud es un sentimiento de sorpresa y aprecio ante todo lo bueno de la vida, la capacidad de descubrir en lo más cotidiano y ordinario un valor que me llena de alegría y que tomo como un regalo de la realidad. Frente a la prepotencia del que piensa que todo le es debido, es la cordial humildad de quien se siente en deuda. Ahora que estoy elaborando los programas de la Universidad de Padres, pienso que la gratitud es una bella virtud para enseñar a nuestros niños, junto con la generosidad, su pareja.
(De: José Antonio Marina, filósofo, profesor, investidaro y autor de más de 20 ensayos. Dos de los últimos, "Palabras de amor" y "La pasión del poder".)
lunes, 11 de julio de 2011
EL BUDISMO ZEN:
(...)La escuela Zen nace en China, mezclando el budismo venido del Nepal con las tradiciones locales del maoísmo (...). Entre los años 700 y 1200, unos monjes que viajaron al Japón desarrollaron allí dos tipos de meditación basados en la postura física: El estilo Rinzai predica que todo ser humano puede alcanzar la iluminación si vive su existencia con respeto y sobriedad, mientras que el estilo Soto predica la importancia de un prolongado entrenamiento para que este objetivo sea alcanzado.
Para los maestros zen, todos nosotros tenemos un conocimiento intuitivo de la razón de nuestra existencia. Por lo tanto, la mayor parte de las enseñanzas filosóficas o religiosas son sólo maneras de provocar en el interior de cada uno el contacto con esta sabiduría que ya está allí enterrada debajo de muchas capas de prejuicios, culpas, confusión mental e ideas falsas respecto a nuestra propia importancia.
El budismo zen -principalmente, aquel que llegaría a ser elaborado a partir del estilo Soto- desarrolló una serie de técnicas para que el ser humano pueda llegar hasta esta paz y comprensión interior. Para nosotros, que tenemos una visión más occidental de la búsqueda interior, estas técnicas están profundamente relacionadas con las palabras de Jesús en el Evangelio de San Mateo: "Cuando vayas a rezar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora para el Padre en secreto: y el Padre, que todo lo oye en secreto, te comprenderá". El practicante zen busca un lugar tranquilo y allí se sienta en una posición en la que consiga mantener su equilibrio durante largo tiempo, pero sin tener la columna apoyada. Por esa causa, la más conocida lo muestra con las piernas cruzadas y las manos entrelazadas adelante, apoyadas sobre el sexo. Algunos monasterios que visité en el Japón usaban una especie de almohada de cuero para elevar ligeramente el cuerpo y permitir una mayor circulación de sangre por las piernas.
A partir de ahí se debe procurar mantener la inmovilidad el mayor tiempo posible, al tiempo que se obedecen unas reglas simples. La cabeza debe permanecer inclinada hacia abajo, los ojos no han de fijarse en nada pero tampoco pueden estar cerrados, para evitar la somnolencia. Se ha de observar la respiración, pero sin intentar alterar su ritmo, éste debe ser lo más natural posible, ya que, a medida que el zazen (éste es el nombre de la postura) progresa, la tendencia es que las inspiraciones y espiraciones se hagan más pausadas y más lentas.
Por lo tanto, la idea central no es pretender controlar el pensamiento o las emociones, ni buscar un contacto espiritual con Dios; todo eso llegará a su debido tiempo, a medida que nos calmamos.
Como la práctica del zen es extremadamente simple, sin ninguna connotación religiosa o filosófica, ella nos ayuda, paradojicamente, a conectarnos mejor con Dios y a responder de manera inconsciente a nuestras dudas. La próxima vez que estés en tu casa sin nada que hacer y encontrando todo a tu alrededor aburrido y repetitivo, intenta sentarte en un lugar tranquilo, quedarte inmóvil y dejar que el mundo corra a tu alrededor.
(De Paulo Coelho).
miércoles, 6 de julio de 2011
martes, 5 de julio de 2011
Suscribirse a:
Entradas (Atom)